Maíces nativos y lenguas indígenas enfrentan riesgo de desaparición en Nayarit
El Meshikan tiene al menos 6 hablantes en poblado de la zona norte de Nayarit
Adonaí Durán
En México existen 64 variedades de maíces nativos y en Nayarit se tiene registro de al menos cinco, siendo el “Maíz Jala” el más reconocido a nivel nacional e internacional. Sin embargo, especialistas y pueblos originarios advierten que estas semillas tradicionales enfrentan riesgos por la introducción de maíces híbridos y transgénicos, además de la falta de políticas de protección.
El maestro investigador Tutupika Carrillo de la Cruz, del Centro de Estudios y Lenguas de la UAN, explicó que actualmente los maíces nativos son utilizados principalmente para autoconsumo en comunidades serranas, donde representan no solo alimento, sino también identidad, espiritualidad y parte fundamental de sus rituales. “El maíz es visto como nuestra madre”, expresó, al señalar que su preservación está ligada a la vida diaria, los conocimientos ancestrales, la literatura y los cantos de los pueblos originarios.
Carrillo de la Cruz destacó la importancia de impulsar iniciativas de ley que garanticen la conservación y reproducción de estos maíces, ya que el 99 por ciento de la producción en zonas indígenas es destinada al autoconsumo y usos rituales, no a la comercialización.
Advirtió que, de no existir condiciones adecuadas para protegerlos, podrían perderse junto con prácticas culturales enteras. El investigador también alertó sobre el riesgo que enfrentan las lenguas indígenas en Nayarit y en el país. Señaló que alrededor del 30 por ciento de las lenguas originarias de México se encuentran en grave desplazamiento y que, de las 68 existentes, más de la mitad podrían desaparecer durante este siglo.
En Nayarit, las lenguas meshikan y odam presentan un alto riesgo debido a la discriminación, el racismo, la marginación y la falta de educación bilingüe. Como ejemplo, mencionó que en la comunidad de Santa Cruz de Acaponeta solo han identificado seis hablantes de lengua meshikan, pese a que el INEGI reportaba cerca de 100. La mayoría son adultos mayores, lo que incrementa el riesgo de desaparición de estas expresiones culturales.
